Niveles de oxitocina ante el sufrimiento ajeno en hombres condenados por violencia de género

Mié, 22/07/2026 - 14:46
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22/07/2026
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La violencia de género es un problema global de salud pública que afecta a millones de mujeres. Debido a su alta prevalencia, es crucial analizar las variables relacionadas con el comportamiento violento de los agresores. 

¿Qué ocurre en el cerebro de quienes la ejercen? ¿Cuáles son las variables relacionadas con dicha actividad cerebral? Un estudio reciente ha analizado el papel de la oxitocina, una hormona clave en la empatía, para entender mejor cómo reaccionan distintos tipos de agresores ante el sufrimiento de otras personas.

La investigación, liderada por Agar Marín-Morales (CIMCYC) y por un equipo de investigadores/as de la universidad de Valencia y Chile, se centró en responder si existían diferencias en los niveles de oxitocina, un neuropéptido implicado en la empatía, ante el dolor ajeno según el tipo de violencia ejercida. En concreto, participaron 31 hombres condenados por violencia de género: 13 condenados por violencia psicológica y 18 condenados por violencia física, así como un grupo de 33 hombres sin antecedentes penales.

Para entenderlo, podemos usar una analogía sencilla: la empatía funciona como un “interruptor emocional” que se activa cuando vemos a alguien sufrir. En muchas personas, este interruptor enciende respuestas como la compasión o la ayuda. La oxitocina sería una de las “corrientes eléctricas” que facilitan esa activación. Sin embargo, en algunas personas, este sistema puede funcionar de forma distinta. En concreto, en hombres condenados por violencia de género, la empatía es un elemento clave para comprender la violencia que ejercen. 

En el estudio, los participantes realizaron una tarea diseñada para provocar empatía: visualizar vídeos con escenas emocionalmente intensas mientras se medían sus niveles de oxitocina en saliva antes y después. Este tipo de pruebas permite observar cómo reacciona el organismo ante el sufrimiento ajeno de forma más objetiva que los cuestionarios tradicionales.

Los resultados fueron reveladores. Mientras que los hombres sin antecedentes y los agresores de tipo psicológico mostraron un aumento en sus niveles de oxitocina tras la tarea, los agresores de tipo físico mostraron una tendencia opuesta: sus niveles de oxitocina disminuyeron. Es decir, ante el sufrimiento de otras personas, su “interruptor emocional” parecía apagarse en lugar de activarse.

Además, el estudio encontró que esta menor respuesta de oxitocina se relacionaba con mayor riesgo de reincidencia y mayores actitudes de sexismo benevolente, es decir, creencias aparentemente positivas sobre las mujeres que, en realidad, refuerzan la desigualdad. En conjunto, estos factores permitían predecir niveles más bajos de oxitocina en los agresores de tipo físico. 

Este resultado es especialmente relevante, ya que apunta a la posible existencia de un perfil de mayor riesgo: agresores que ejercen violencia física, menor respuesta empática a nivel biológico, mayores niveles de sexismo y mayor probabilidad de reincidir. Comprender esta combinación de factores puede ser clave para identificar qué agresores necesitan intervenciones más intensivas o específicas centradas en la empatía y en la asunción de la responsabilidad del daño causado a las víctimas.

¿Por qué es relevante este hallazgo? Porque demuestra que no todos los hombres condenados por violencia de género son iguales. Tradicionalmente, muchos programas de intervención tratan a esta población como un grupo homogéneo. Sin embargo, estos resultados sugieren que los agresores cuyo comportamiento incluye violencia física, en comparación con los agresores que ejercieron solo violencia psicológica, podrían procesar el sufrimiento ajeno como algo irrelevante y presentar mayores dificultades para conectar emocionalmente con el daño causado.

Este estudio refuerza la importancia de un enfoque biopsicosocial, que combine factores biológicos, psicológicos y sociales, para comprender la violencia de género. Aunque los resultados son preliminares y requieren más investigación, abren una puerta importante: adaptar los programas de tratamiento según el perfil del agresor.

En definitiva, comprender cómo funciona la oxitocina y la empatía en distintos tipos de agresores, junto con las variables psicosociales de riesgo relacionadas con la violencia de género, no solo aporta conocimiento científico, sino que puede ayudar a diseñar intervenciones más eficaces. Porque, igual que no todos sentimos el sufrimiento ajeno de la misma manera, tampoco todos requieren las mismas estrategias de intervención para dejar de ejercer violencia.

Referencia

Marín-Morales, A., Comes-Fayos, J., Riveros Valle, M. E., Lila, M., Romero-Martínez, Á., & Moya-Albiol, L. (2025). Oxytocin Levels in Response to Others’ Suffering According to the Type of Conviction for Intimate Partner Violence Against Women. Journal of Interpersonal Violence. https://doi.org/10.1177/08862605251387722 

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 Agar Marín-Morales: @email