¿Podemos percibir el mundo mientras nos dormimos?

Jue, 10/09/2026 - 15:05
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10/09/2026
¿Podemos percibir el mundo mientras nos dormimos?

Estamos viendo una serie después de comer o leyendo un libro en el tren de vuelta a casa y, sin darnos cuenta, empezamos a perder el hilo. Todavía escuchamos las voces, sentimos el móvil vibrar y percibimos lo que ocurre a nuestro alrededor. Estamos entrando en un estado de somnolencia, una zona gris entre la vigilia atenta y el sueño en la que nuestra conexión con el entorno comienza a fluctuar. En esa frontera entre la consciencia y la inconsciencia, ¿sigue siendo capaz el cerebro de combinar eficazmente la información que recibe a través de distintos sentidos?

En una reciente investigación publicada en The Journal of Neuroscience y desarrollada en el Centro de Investigación Mente, Cerebro y Comportamiento (CIMCYC) de la Universidad de Granada, en colaboración con la Universidad de Cambridge, Clara Alameda, Chiara Avancini, Daniel Sanabria, Tristan A. Bekinschtein y Luis F. Ciria han estudiado qué sucede con la integración multisensorial cuando disminuye el nivel de alerta.

La somnolencia altera las dinámicas cerebrales, pero preserva los mecanismos fundamentales de la integración multisensorial

En los últimos años, diversos estudios han investigado qué capacidades se mantienen y cuáles se deterioran durante la transición hacia el sueño. Para ello, se han recreado en el laboratorio situaciones que recuerdan a una siesta: las personas realizan distintas tareas mientras se les permite quedarse dormidas y se registra su actividad cerebral.

Estos estudios han mostrado que, incluso durante la somnolencia, se mantiene la capacidad de detectar estímulos, tomar decisiones sencillas e incluso aprender nuevas reglas, aunque las respuestas se vuelven más lentas, aumentan los errores y aparecen momentos de desconexión. Sin embargo, estas investigaciones han estudiado principalmente los sentidos de forma aislada.

La experiencia cotidiana, en cambio, es multisensorial. El cerebro combina continuamente información procedente de distintos sentidos para interpretar lo que sucede en el entorno. Si un teléfono vibra y suena simultáneamente, por ejemplo, suele detectarse más rápidamente que si únicamente vibra o suena. Esta ventaja se conoce como “efecto de redundancia”, uno de los indicadores comportamentales de la integración multisensorial.

Las huellas de esta integración también pueden observarse en el cerebro. Cuando se recibe simultáneamente información a través de dos sentidos, la respuesta cerebral conjunta puede diferir de la simple suma de las respuestas a cada sentido por separado. Estas diferencias, que pueden reflejar respuestas mayores (“superaditividad”) o menores, indican que ambas señales están interactuando durante su procesamiento.

Para estudiar estos fenómenos durante la somnolencia, 26 participantes realizaron una tarea reclinados/as, con los ojos cerrados, mientras se quedaban progresivamente dormidos/as. Recibían sonidos, pequeñas vibraciones en el brazo o ambos estímulos simultáneamente y debían responder lo más rápido posible. Su actividad cerebral se registró mediante electroencefalografía (EEG), lo que permitió estimar su nivel de alerta momento a momento.

Durante la somnolencia, las respuestas fueron más lentas y aumentaron los momentos sin respuesta. Sin embargo, el beneficio de recibir simultáneamente el sonido y la vibración se mantuvo: las y los participantes continuaban respondiendo más rápidamente ante los estímulos multisensoriales.

A nivel cerebral, sin embargo, apareció una historia diferente. Con los análisis tradicionales, las interacciones entre la información auditiva y táctil observadas durante la vigilia aparecían más tarde, se debilitaban o dejaban de ser detectables durante la somnolencia. ¿Significaba esto que el cerebro estaba dejando de integrar ambos sentidos? Análisis más detallados sugieren que no: la información multisensorial mantenía una estructura similar durante la vigilia y la somnolencia, aunque sus patrones de actividad eran menos estables en el tiempo.

Estos resultados muestran que la somnolencia no “apaga” la capacidad del cerebro para integrar información de distintos sentidos. Las operaciones fundamentales parecen mantenerse, mientras cambia la dinámica cerebral que las sostiene.

Referencia

Alameda, C., Avancini, C., Sanabria, D., Bekinschtein, T. A., & Ciria, L. F. (2026). Drowsiness alters the neural dynamics but not the core computations of multisensory integration. The Journal of Neuroscience, 46(30), e0363262026. https://doi.org/10.1523/JNEUROSCI.0363-26.2026

Contacto

Clara Alameda – clara.alameda@ugr.es